Javier Cercas, Las
leyes de la frontera
Literatura Mondadori, 504
– Barcelona, 2012
Novela leída en marzo de 2013
El autor: Javier Cercas
Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) es autor de cinco novelas: El móvil, El inquilino, El vientre de la
ballena, Soldados de Salamina y La velocidad de la luz. Su obra consta
también de un libro inclasificable, Anatomía de un instante; un ensayo, La obra
literaria de Gonzalo Suárez, y tres volúmenes de carácter misceláneo: Una buena temporada, Relatos reales y La verdad de Agamenón. Sus libros han sido traducidos a más de
treinta idiomas y han obtenido numerosos premios nacionales e internacionales,
entre los que destacan los siguientes: Premio Nacional de Literatura, Premio
Ciudad de Barcelona, Premio Salambó, Premio de la Crítica de Chile, Premio
Llibreter, Premio Qué Leer, Premio Grinzane Cavour, The Independent Foreign
Fiction Prize, Premio Arzobispo Juan de San Clemente, Premio Cálamo, Prix Jean
Moner, Premio Mondello, Premio Internacional Terenci Moix, Premio Fundación
Fernando Lara a la mejor acogida crítica (exaequo) y The European Athens Price
for Literature. En 2011 le fue concedido el Premio Internazionale del Salone
del Libro di Torino por el conjunto de su obra.
“Para Raúl Cercas y Mercè Mas. Para la vasca, por cuarenta y tantos años de
amistad”.
“Nous sommes si accoutumés à nous déguiser aux autres qu’enfin nous nous
déguisons à nous-mêmes. François de la Rochefoucauld.”
Resumen
He aquí una furiosa historia de amor y desamor, de imposturas y violencia,
de lealtades y traiciones, de enigmas sin resolver y venganzas inesperadas.
En el verano de 1978, cuando España no ha salido aún del franquismo y no
termina de entrar en la democracia y las fronteras sociales y morales parecen
más porosas que nunca, un adolescente llamado Ignacio Cañas conoce por
casualidad al Zarco y a Tere, dos delincuentes de su edad, y ese encuentro
cambiará para siempre su vida. Treinta años más tarde, un escritor recibe el
encargo de escribir un libro sobre el Zarco, convertido para entonces en un
mito de la delincuencia juvenil de la Transición, pero lo que el escritor acaba
encontrando no es la verdad concreta del Zarco, sino una verdad imprevista y
universal, que nos atañe a todos. Así, a través de un relato que no concede un
instante de tregua, escondiendo su extraordinaria complejidad bajo una
superficie transparente, la novela se convierte en una apasionada pesquisa
sobre los límites de nuestra libertad, sobre las motivaciones inescrutables de
nuestros actos y sobre la naturaleza inasible de la verdad. También confirma a
Javier Cercas como una de las figuras indispensables de la narrativa europea
contemporánea.
Algunos apuntes interesantes:
Pág. 17: las fronteras porosas de la
adolescencia
Por todo esto le decía que en aquella época vivía muy cerca y muy lejos del
Zarco: porque nos separaba una frontera.
-¿Y cómo la cruzó? Quiero decir: ¿Cómo un chaval de clase media se hace
amigo de un chaval como el Zarco?
-Porque a los dieciséis años todas las fronteras son
porosas, o al menos lo eran entonces. Y también por casualidad…
Pág. 76-77: frontera real y
simbólica
Era una especie de versión oriental de Robin Hood. Me acuerdo muy bien de
la carátula: con una melodía de fondo que aún podría tararear, las imágenes
mostraban un ejército informal de hombres a pie y a caballo cargados con armas
y estandartes, mientras la voz en off del
narrador recitaba un par de frases siempre idénticas: “Los antiguos
sabios decían que no hay que despreciar a la serpiente por no tener cuernos;
quizás algún día se reencarne en dragón. Del mismo modo, un hombre solo puede
convertirse en ejército”. El argumento general era simple. Estaba ambientada en
la Edad Media, cuando gobernaba China no sé qué dinastía y el imperio había
caído en manos de Kao Chiu, el favorito del emperador, un hombre corrupto y
cruel que había convertido una tierra próspera en un desierto sin futuro.
Contra la opresión solo se levantaba un grupo de hombres rectos capitaneado por
el antiguo guardia imperial Lin Chung; entre ellos había una mujer:
Hu-San-Niang, el lugarteniente más fiel de Lin Chung. Los integrantes de ese
grupo estaban condenados por la justicia del opresor a una vida de forajidos en
las riberas del Liang Shan Po, un río cercano a la
capital que también era la frontera azul del título, una frontera real pero
sobre todo una frontera simbólica: la frontera entre el bien y el mal, entre la
justicia y la injusticia. Por lo demás, todos los episodios de la
serie seguían un esquema parecido: a causa de las vejaciones infligidas por Kao
Chiu, uno o varios ciudadanos honrados se veían obligados a cruzar al otro lado
del Liang Shan Po para unirse a los bandoleros honrados de Lin Chung y Hu
San-Niang. Esa era la historia que se repetía sin demasiadas variaciones en
cada capítulo.
Pág. 191: delincuente y abogado
-Que antes de ser abogado fue delincuente, lo que significa que conoce de
primera mano los dos lados de la ley. Eso no es tan común, ¿no le parece?
-No lo sé. Lo que sí sé es que un abogado y un delincuente no están en los
dos lados de la ley, porque un
abogado no es un representante de la ley sino un intermediario entre la ley y
el delincuente. Esto nos convierte en tipos equívocos, de
moral dudosa; nos pasamos la vida tratando con ladrones, asesinos y
psicópatas y, como los seres humanos funcionamos por ósmosis, lo normal es que
acabemos contaminados por la moral de los ladrones, asesinos y psicópatas.
Pág. 237: prisionalizado
… Luego le dije que
Gamallo era quizá el recluso más prisionalizado que había conocido en mi vida.
-¿Prisionalizado?
-Verá. Todas las
prisiones son distintas, pero todas se parecen; Gamallo llevaba más de la mitad
de su vida encerrado en prisión, conocía todas o casi todas las cárceles
españolas, conocía mejor que nadie los trucos de la vida en la cárcel y sabía
manejarlos a su favor mejor que nadie, así que era el rey de la picaresca
carcelaria, el campeón del trapicheo. A eso se le llama estar
prisionalizado. …
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